Realmente trate de hacer algo con eso, y colocarlos como personajes principales, pero era una historia muy turbia y a la final nunca terminaba de visualizarla completamente. Hasta que un día surgio esta idea. En este relato use mis personajes como metaforas o por lo menos las sensaciones que ellos causan. Espero les guste;)
Frío y Oscuridad.
Mi vida era normal o bueno mejor
dicho típica de una mujer joven de 27 años. Felizmente casada, sin hijos, con
casa propia, un trabajo estable, un marido apasionado, unos padres
maravillosos... en fin, todo un cuento de hadas.
Pero todo tiene un final. Me
apena justificarme bajo una premisa tan pobre, sin embargo es todo lo que de mí
queda. Soy la culpable de haber destruído todo mi mundo color rosa, o por lo
menos la culpable de haber dado el primer grito de guerra.
Todo comenzó cuando en mí
entraron unas ganas descomunales de ser mamá y no poder cumplir mis sueños por problemas
hormonales y demás. En mi loco empeño nos sometí, a mi esposo y a mí, a
sesiones interminables de distintas terapias con el fin de poder quedar
embarazada. Al principio mi esposo fue muy comprensivo y cada vez que algo
fallaba siempre me animaba y me incitaba a intentarlo una vez más, ya que a él
le hacia ilusión el poder tener un bebé. Yo me aprovechaba de la frustración
que sentíamos los dos para guiarlo en la dirección que me convenía.
Así estuvimos por poco más de dos
años, hasta que él se cansó y me propuso parar con esa locura un rato; decía
que tal vez sinos relajábamos un poco las cosas fluirían mejor. La verdad demasiado amable como para decirme que yo estaba llegando a desquiciarme. Intento
detenerme y las discusiones se volvieron constantes en nuestra relación. Hasta
que un día me sugirió que adoptáramos, si queríamos tener un niño esa era una
posibilidad; yo se que llevaba tiempo queriendo proponerme esa opción. Y eso
para mí fue el punto donde comenzó todo.

Salí de mi estado depresivo de la
noche a la mañana. Volví a ser la misma de siempre que se arreglaba
coquetamente, preparaba de comer a su esposo y lo consentía. Mi cambio fue tan
drástico que él no sabía como tratarme, ya que de repente se me olvido hasta el
tema de los hijos.
Trató de hablar conmigo repetidas
veces queriendo entender el porque de mi cambio, pero tampoco insistió mucho
por miedo a que volviera a caer en depresión y decidió creerse mi mentira; eso
siempre es más fácil, ver solo la parte de la verdad que mejor nos conviene, ya
que es más cómodo. Le dije que tenía razón, que debíamos darnos un respiro con
eso de procrear, pero que me encantaría adoptar y que empezaría a buscar
información sobre lo que debía hacerse en tal caso.
En algún momento de mi extraño
divagar, se me metió la idea de que el culpable de que no pudiera tener hijos
era de él. Así que ese tiempo, el que se suponía era para buscar información
sobre adopción, lo emplee para buscar un espermatozoide para mi hijo.

Después de eso me derrumbe. No encontraba forma de sacarme las sensaciones de mi cuerpo, que se convulsionaba de manera incontrolable por las noches, mientras dormía. Sentía un profundo asco hacia mí, no encontraba la forma de salirme de mi piel. Vomitaba cada tanto, ya que descubrí que era una excelente vía de escape.
Pero allí no termino mi
desaventura. Mi esposo sabía que algo no andaba bien y yo también lo sabía. Lo
había abandonado hace mucho rato. En el transcurso de esos dos años y pico de
tratamientos y frustraciones nos alejamos demasiado y nuestra relación dejo de
ser lo que era en un principio.
Mi mundo fue cubierto por una sombra que me sofocaba. Era como si un dementor se hubiese instalado en mi casa, junto a mí, absorbiendo la felicidad, la esperanza, los sentimientos positivos, los recuerdos felices… dejando solamente tristeza, desolación y un frío eterno.
¿Qué si logre hacer realidad mi
sueño? No. A la final después de ese encuentro no quedé embarazada. Además entendí
que ese sueño no tenía sentido si no era con mi vida pasada.